ASPECTOS HISTÓRICOS

La Comarca Nordeste de la provincia de Segovia se encuadra en una región que históricamente ha sido conocida como la “Extremadura Castellana”, por encontrarse en el extremo sur del valle del Duero (Extrema Durii), la zona de frontera entre las tierras sometidas a Al-Ándalus y los ámbitos de pervivencia cristiana del norte de la Península desde la llegada de los musulmanes en el 711 y hasta bien entrado el siglo úndecimo, momento en que se consolidó la repoblación castellana de todo el territorio, para entonces ya plenamente integrado en el reino de Castilla.

Los más antiguos pobladores de este entorno fueron gentes de ascendencia celta y celtibérica, fluctuando entre la cultura vaccea, propia del entorno céltico occidental, y la arévaca, extendida por los territorios orientales que se adentran en la vecina provincia de Soria. Cauca (Coca) debió ser la principal ciudad de aquéllos en su límite oriental, y la cercana Numancia la capital más destacada de los arévacos. Desde finales del siglo II a. de C., y tras la caída de los rebeldes numantinos, estas tierras formarán parte del mundo romano y a partir del siglo siguiente, con la pacificación definitiva de Hispania por parte de Augusto, se mejorarán caminos y viales que constituirán importantes nexos culturales y comerciales.

Las calzadas más destacadas que enmarcaban estos pagos eran dos: la que discurría paralela al río Duero, de levante a poniente, y la que descendía desde Cæsar Augusta (Zaragoza) hasta Emerita Augusta (Mérida). De la primera descendía en dirección sur un ramal desde Septimanca (Simancas) hasta enlazar con Cauca y con Segovia. Por nuestra Comarca trascurrían además dos calzadas secundarias, pero no por ello menos importantes: la que unía Numancia con Coca y atravesaba las tierras de Maderuelo, Boceguillas, Barbolla, Duratón y Sepúlveda, y una segunda que descendía desde Somosierra hasta enlazar probablemente con aquella en un lugar que hoy queda señalado, en Boceguillas, precisamente por el llamado “Puente Blanco”.

La llegada de los visigodos desde el sur de la actual Francia hasta Hispania a principios del siglo V se produce como resultado de la paulatina desarticulación de la vieja organización imperial, pues éstos actuaban como un ejército federado al servicio de una cada vez más débil Roma. Tras la derrota visigoda a manos de los francos en Vouillé, el año 507, una buena parte del pueblo godo, otrora asentado en tierras galas, vendrá a buscar un espacio para establecerse en la Península Ibérica y encontrará en el entorno donde se ubica esta Comarca un lugar muy propicio para ello. Así, la actual provincia de Segovia se convertirá en el epicentro del poblamiento campesino godo, como lo demuestran los vestigios de sus grandes cementerios, que podemos encontrar en lugares como la necrópolis de Duratón o el Corporario de Castiltierra, cerca de Fresno de Cantespino. Tras la ocupación islámica, después del año 711, estas tierras quedarán yermas, aunque sin duda la población gótica siguió presente en ellas durante el resto de la época medieval, disolviéndose más adelante entre los repobladores cristianos llegados de otros ámbitos del norte de la Península.

La Extremadura Castellana tuvo en la Comarca Nordeste un centro fundamental: la villa de Sepúlveda, cabeza de una reordenación jurídica de todo el territorio que se consolidará en el siglo XI, en tiempos de Alfonso VI, merced a las repoblaciones llevadas a cabo por su yerno Raimundo de Borgoña. En esta época se fortalecen y se recuperan las antiguas poblaciones, se reconstruyen vías y puentes y se comienza la fundación de la práctica totalidad de los pueblos y aldeas hoy existentes. El posterior desarrollo de La Mesta supondrá un importante crecimiento que aún puede observarse en la riqueza de las grandes casas y palacios de las villas forales de Pedraza, Riaza, Maderuelo, Ayllón o Sepúlveda. Este progreso económico, marcado por la industria ganadera, tendrá su continuidad durante toda la Edad Moderna, pero desde finales del siglo XVIII se iniciará un lento proceso de declive, que quizá no podemos dar aún por terminado, que ha tenido como principal consecuencia el señalado empobrecimiento de esta comarca y, a la postre, una paulatina y constante pérdida de población y de recursos.